Cada octubre vemos cómo edificios, campañas, redes sociales, uniformes y logotipos comienzan a teñirse de rosa.
Y está bien.
El Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama es una oportunidad mundial para hablar de una enfermedad que continúa afectando a millones de mujeres y, sobre todo, para recordar la importancia de la información, la detección y el diagnóstico oportunos.
Pero quizá también sea una buena oportunidad para preguntarnos algo más:
¿Qué sucede después de quitar el color rosa de nuestros logotipos?
Porque octubre puede servir no solamente para hablar de salud, sino también para reflexionar sobre la presencia femenina en las empresas y sobre el papel que nuestras organizaciones pueden desempeñar en el bienestar y desarrollo de las mujeres.
El Mes Rosa y la presencia femenina en las empresas
Las campañas de concientización cumplen una función importante porque ponen un tema sobre la mesa.
Nos hacen hablar, recordar y, en algunos casos, pueden motivar a una persona a prestar atención a su salud o buscar atención médica oportunamente.
Pero creo que, desde las empresas, podemos llevar esta reflexión un poco más lejos.
Hablar del Mes Rosa no debería limitarse a publicar una imagen durante octubre.
También debería invitarnos a reflexionar sobre cómo cuidamos a las mujeres que forman parte de nuestras organizaciones durante los otros once meses del año.
La salud también forma parte de una buena cultura empresarial
Durante muchos años se entendió el trabajo como si la vida personal tuviera que quedarse afuera de la oficina.
Hoy sabemos que esa separación absoluta simplemente no existe.
Detrás de cada puesto hay una persona.
Una madre, una hija, una hermana, una esposa, una amiga, una compañera.
Y detrás de esa persona existe también una realidad física, emocional y familiar.
Por eso una empresa que habla de bienestar debería crear condiciones para que sus colaboradoras puedan atender su salud, realizar sus revisiones médicas, recibir información confiable y, cuando sea necesario, atravesar una enfermedad con dignidad y acompañamiento.
No significa que las empresas deban sustituir a los médicos ni convertirse en instituciones de salud.
Significa algo mucho más sencillo:
entender que cuidar a las personas también forma parte de construir una buena organización.
La presencia femenina en las empresas también exige mirar hacia dentro
Hay otra reflexión que octubre puede provocar.
Observar nuestras propias organizaciones y preguntarnos cuál es realmente la presencia de las mujeres dentro de ellas.
No solamente cuántas mujeres trabajan con nosotros.
También:
¿En qué posiciones participan?
¿Tienen oportunidades reales de crecimiento?
¿Están presentes en las áreas donde se toman decisiones?
¿Estamos desarrollando talento femenino para ocupar posiciones directivas?
¿Existen condiciones para que una mujer pueda construir una carrera profesional sin tener que elegir permanentemente entre su crecimiento laboral y otras dimensiones importantes de su vida?
Son preguntas que cualquier organización que quiera evolucionar debería hacerse.
No porque octubre sea rosa.
Sino porque el talento no tiene género y las oportunidades tampoco deberían tenerlo.
Presencia femenina en las empresas no significa cumplir una cuota
Incorporar mujeres a una organización simplemente para mejorar una estadística sería perder completamente el sentido.
La verdadera transformación requiere participación, responsabilidades reales y oportunidades de crecimiento.
También necesita que distintas experiencias, formas de pensar y perspectivas estén presentes en las conversaciones donde se define el rumbo de una empresa.
He aprendido que dirigir organizaciones también implica rodearnos de personas capaces de ver aquello que nosotros no vemos.
Y mientras más homogéneo sea un equipo, mayor es el riesgo de terminar observando los problemas siempre desde el mismo lugar.
La diversidad no debería convertirse únicamente en un indicador dentro de una presentación corporativa.
Debería convertirse en parte natural de la manera en que construimos nuestras empresas.
Del color rosa al compromiso con las mujeres
Quizá por eso el Mes Rosa puede significar algo más.
Puede recordarnos la importancia de cuidar la salud de las mujeres que queremos: nuestras madres, parejas, hijas, hermanas, amigas y compañeras.
Pero también puede invitarnos, como empresarios y directores, a mirar nuestras organizaciones.
Promover información confiable sobre salud, facilitar que las personas puedan atenderse oportunamente y acompañar con humanidad a quien atraviesa una enfermedad son acciones que realmente pueden generar una diferencia.
A esto debemos sumar la creación de espacios donde las mujeres puedan participar, crecer, dirigir y transformar empresas.
Porque la presencia femenina en las empresas no debería celebrarse solamente durante octubre.
Como tampoco el cuidado de su salud debería recordarse únicamente cuando aparece un moño rosa.
Octubre termina. El compromiso con la presencia femenina en las empresas no.
Los símbolos ayudan a recordar.
Pero las culturas se construyen con acciones.
Durante octubre seguramente veremos muchas empresas cambiar temporalmente sus colores, compartir campañas y colocar un moño rosa en sus comunicaciones.
Ojalá que cada una de esas acciones también provoque conversaciones alrededor de la prevención, la salud, la empatía, las oportunidades y el liderazgo femenino.
Y, principalmente, que nos recuerde el papel fundamental que tienen las mujeres dentro de nuestras familias, nuestra sociedad y nuestras organizaciones.
Que octubre se pinte de rosa está muy bien.
Pero sería todavía mejor que el compromiso con la salud, el desarrollo y las oportunidades para las mujeres permaneciera durante todo el año.









